Erick Sánchez: competir para dejar huella dentro y fuera del fisicoculturismo

Del joven de 15 años que se acercó al gimnasio por casualidad, al atleta consagrado que alcanzó la cima del fisicoculturismo mundial en 2020. Erick Sánchez volvió al alto rendimiento tras dos años de ausencia, movido por el amor a su deporte y con la intención de dejarle un legado a su hijo.

Sánchez, una de las figuras del fisicoculturismo nacional que compite en la disciplina de Classic Bodybuilding, enfoca todas sus energías pensando en el Campeonato Mundial de la IFBB a realizarse en Santa Susana, España. 

Doble campeón mundial y primer guatemalteco en obtener una tarjeta profesional en el fisicoculturismo, son parte de los grandes logros de Erick, quien afirma que su entrenador Rony Zamora ha sido clave en sus resultados.

En esta entrevista con CDAG, Erick comparte como fueron sus inicios, habla de sus mejores momentos como seleccionado, su ambición por volver a triunfar en el plano internacional y como se prepara en un deporte tan exigente y metódico. 

¿Cuál fue tu primer acercamiento con el deporte?

“Soy el menor de tres hermanos y vengo de una familia de futbolistas. Estoy en el deporte gracias a mi papá (José Sánchez), quien fue entrenador de varios equipos en la colonia Centroamérica.”. 

¿Qué recordas de esa época?

“Crecí jugando fútbol en las canchas de la colonia; allí me pasaba todos los fines de semana. Toda la disciplina y el amor por el deporte se lo debo a mi papá”. 

¿Y cómo conociste el fisicoculturismo?

“Me metí en esta disciplina por casualidad, no conocía nada. Cerca de mi colonia estaba el gimnasio de la Federación y me llevó uno de mis hermanos. Tenía 15 años y mi meta era ponerme en forma. Luego entrenando en un gimnasio privado me invitaron a competencias de fisicoculturismo”.

¿Y cómo fue esa adaptación a un nuevo deporte?

“Tenía miedo de decirle que había encontrado otro deporte. Pero mis papas siempre me apoyaron y creyeron en mí. Tenía 19 años cuando comencé a competir en los circuitos nacionales. Me gustó la forma de entrenar y me quedé”.

¿Qué encontraste en el fisicoculturismo para dedicarte de lleno?

“Siempre fui muy disciplinado. Me esforzaba por mis metas y no me gustaba perder. Creo que lo que hizo la diferencia fue que en este deporte todo dependía de mi esfuerzo y dedicación. Sentí que estaba en mis manos ser bueno. Este deporte iba de la mano en como me había formado. Comenzó como un hobbie, pero ahora es toda mi vida”. 

¿Cómo fue tu proceso hacia el alto rendimiento?

“Todo mi desarrollo fue muy rápido. En 2016 recibí mi primer llamado a la selección juvenil, en un proyecto que impulsó el entrenador Rony Zamora. Empecé a destacar en los eventos Centroamericanos y Panamericanos. Y tuve la aspiración en convertirme en profesional y gané la primera tarjeta profesional para un guatemalteco en 2018. Y me vieron potencial para ir al Mundial”. 

¿En ese momento cuáles era tus objetivos en el deporte?

“Me puse como meta ganar medallas en algún Mundial de la IFBB. En 2020, en el Mundial en España logré dos títulos absolutos. Me da nostalgia recordar porque con el tiempo encontré una pizarra donde había anotado mi meta de ser campeón mundial”. 

¿Qué significó llegar a lo más alto de tu deporte?

“Esos títulos están en el top 3 de momentos más felices de mi vida, que solo lo puedo comparar con el nacimiento de mi hijo. Me dio mucha satisfacción, ya que era algo que venía buscando por mucho tiempo. Se dio en el medio la pandemia; momentos difíciles y llenos de incertidumbre, pero finalmente se pudo competir y logré ganar. Pensé en mis papas, mi novia y todo lo sacrificios que había hecho”.

¿Qué siguió luego en tu carrera?

“Estuve un par de años fuera de los entrenos y las competencias. Pero retomé con varias metas en mente”.

¿Qué te hizo volver al alto rendimiento?

“Entrenar y dedicarme al fisicoculturismo, es parte de mi vida y es mi pasión. Es algo único, que me hace vibrar. A pesar de que lo dejé y creí que no volvería a practicarlo, estoy trabajando para retomar mi nivel y ganarme mi lugar como seleccionado. El año pasado volví a competir y fui campeón centroamericano. Sé que puedo volver a ser campeón mundial y tengo la misma ambición. Ahora tengo más responsabilidades, pero mi mentalidad es más fuerte y mi motivación es dejarle un ejemplo a mi hijo, que vea que no me rendí”.

¿Cómo te cambió la vida el nacimiento de tu hijo?

“Cuando crezca quiero que sepa cuanto me esforcé, que vea que todo se puede lograr y darle una semilla. Mi papa me la dejo y quisiera dejarlo en mi hijo. Que vea como me dedico al deporte y que se puede tener una vida mejor”. 

¿Cómo podes describir el fisicoculturismo?

“Es un deporte que se entrena de una forma y se compite de otra. Es una disciplina de apreciación. Se entrena en un gimnasio y luego se compite en una tarima. La esencia es construir un físico armonioso. Nuestro físico se cuida con la mayor cantidad de masa muscular y el menor porcentaje de grasa. Es un deporte 24/7, entrenar, cuidar la dieta y descansar siendo minucioso. Todo va de la mano y es igual de importante”. 

¿Cómo es la preparación de un atleta de alto nivel y cómo se compite?

“Nos preparamos alrededor de cuatro meses antes de una competencia específica. Aparte del trabajo de años, que tenemos de base. La dieta que llevamos es enfocada en definición para llegar con la menor cantidad de grasa. Se compite realizando poses, en exhibiciones de entre 5 a 8 minutos en la tarima. Poses reglamentarias de frente, perfil y de espalda; para que los jueces puedan comparar”.

¿Cuál crees que ha sido la clave del éxito de tus resultados y del nivel del fisicoculturismo en Guatemala? 

“La clave tiene un nombre y apellido: Rony Zamora. Hay un antes y un después cuando aparece Rony como entrenador. Ha sabido crear una filosofía y legado para desarrollar atletas de primer nivel. Es un entrenador que marca una época en el fisicoculturismo, que quedará para las futuras generaciones. Y se ve en los eventos del circuito nacional, con la cantidad de atletas y el nivel competitivo fuerte”.  

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Entrevista Erick Sánchez - Fisicoculturista