José Pablo Pérez, presente y futuro del voleibol nacional
Por generaciones, el deporte ha sido parte de la vida de la familia Pérez. Hoy, José Pablo Pérez busca escribir su propia historia en el voleibol guatemalteco, donde ha sobresalido como seleccionado y lleva con ilusión sus aspiraciones de convertirse en profesional.
José Pablo, de 23 años y quien se desempeña como opuesto, recientemente fue pieza clave en la consecución de la medalla de bronce con la selección mayor que participó en el NORCECA Men’s Final Four 2026.
En su corta trayectoria, José Pablo acumula títulos regionales, reconocimientos individuales y experiencia en la selección mayor; sin embargo considera que su historia apenas comienza.
En la entrevista con CDAG, José Pablo habla de la tradición deportiva que ha marcado a su familia, cómo fue la decisión de dedicarse al voleibol y habla de sus objetivos en el alto rendimiento.
¿Cómo nació tu vínculo con el deporte?
“Vengo de una familia muy deportista. Mi mamá, Yessica, y mi tía Dulce jugaron voleibol. Mi abuelo fue jugador de la liga nacional. Mi papá, Miguel Pérez, y mi abuelo, conocido como “Clavito” Pérez, fueron seleccionados nacionales. Además, mis tíos Ubaldo y Jairo son muy reconocidos en equipos como Municipal y Comunicaciones. Por ellos empecé jugando fútbol”.
¿Cómo fue el cambio hacia el voleibol?
“Fue algo inesperado. Recuerdo que me castigaron en el colegio y me quitaron la posibilidad de jugar fútbol. Entonces decidí probarme en voleibol. Al principio lo tomé como un reto, sin imaginar todo lo que vendría después. Jugaba en Cobán, Alta Verapaz, donde crecí junto a mi familia. Me gustaba mucho estar dentro de la cancha, aunque al inicio no tenía técnica ni conocía lo básico. Poco a poco me di cuenta de que era un deporte mucho más complejo de lo que parecía y eso fue eso lo que me atrapó”.
Tu camino no ha sido sencillo. ¿Cuál ha sido el mayor desafío?
“Salir de mi zona de confort. Dejar a mi familia en Alta Verapaz para venir a la capital y apostar por lo que me gustaba fue difícil. Llegué muy motivado, pero el deporte tiene muchos altibajos. Hubo momentos en los que ya no quería saber nada del voleibol. Sin embargo, entendí que nunca hay que perder las ganas de competir por Guatemala. Muchas personas nos observan como atletas: nuestras familias, amigos y los niños que quieren llegar a ser como nosotros. Yo crecí admirando a los grandes jugadores como Andy Leonardo y eso me motivó a dar lo mejor”.
¿Cómo fue el proceso para integrar tus primeras selecciones?
“Mi proceso fue un poco diferente porque empecé más tarde que muchos compañeros. Tenía 16 años cuando fui observado y, poco después, un entrenador me dijo que quería verme entrenar con la selección mayor. Cuando me convocaron no era titular, pero tuve la oportunidad de compartir con jugadores de mucha experiencia. Aprendí muchísimo de ellos. Siempre nos aconsejaban a los jóvenes y considero que ese acompañamiento fue clave para mi crecimiento”.
¿Cuáles han sido los momentos más especiales con la selección?
“Con la selección mayor hemos ganado casi todos los títulos de Centroamérica en los últimos años. En la categoría Sub-21 viví uno de mis mejores torneos en 2022, cuando obtuve tres reconocimientos individuales: Jugador Más Valioso (MVP), Mejor Opuesto y Mejor Saque. Luego, en mi último año de Copa Centroamericana Sub-23, asumí un rol importante como líder del equipo y nuevamente terminé como MVP. Ahora tengo una meta muy clara: ser MVP también en la categoría mayor y completar ese logro en todas las categorías en las que he competido”.
¿Cómo surgió la oportunidad de salir a jugar al extranjero?
“Nunca imaginé que me iría a estudiar fuera del país. Vi que algunos compañeros recibían becas y eso despertó mi interés. Uno de mis mejores amigos, Daniel Ralón, fue quien más me motivó a considerar esa posibilidad. Estoy estudiando Administración de Empresas en una Universidad en México y me quedan tres semestres para graduarme. Estoy muy agradecido por la oportunidad porque me ha permitido crecer tanto académica como deportivamente”.
¿Qué te ha dejado el deporte más allá de los resultados?
“Lo más valioso ha sido aprender a trabajar en equipo y a no rendirme. El voleibol me enseñó a luchar por mis metas, a tener aspiraciones grandes y a entender que nada llega fácilmente. Mis primeras metas fueron representar a mi departamento, luego ganar títulos nacionales y más adelante integrar la selección nacional. Siempre he querido hacer historia, que mi nombre sea recordado y, algún día, inspirar a las nuevas generaciones para que practiquen deporte”.
¿Qué sueños te quedan por cumplir?
“Aspiro a seguir jugando en Canadá mientras continúo mis estudios. Después me gustaría dar el salto al profesionalismo. Creo que el sueño de cualquier jugador es vivir del deporte. No lo veo tan lejos. En México se abrió una liga importante y algunas personas ya me han visto jugar. Mi gran objetivo es competir en Europa, en el nivel más alto posible”.
Si pudieras darle un consejo al José Pablo de niño, ¿qué le dirías?
“Le diría que nunca se canse de soñar y de luchar por lo que quiere. Siempre habrá obstáculos, lesiones, derrotas o momentos difíciles, pero con coraje y corazón se puede lograr cualquier cosa”.
¿Quiénes han sido tus principales pilares durante este camino?
“Siempre llevo presentes a mis papás, hermanos, abuelos, tíos y a toda mi familia. Somos una familia muy unida y han estado conmigo en cada paso. Confiaron en mí cuando apenas comenzaba y me dieron ánimos cuando más los necesité. También me emociona ver el crecimiento de mi hermana Nicole, que tiene 16 años y ya forma parte de procesos de selección nacional. Sinceramente creo que llegará lejos”.
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