Alison Oliva, talento escuintleco en las canchas de tenis
Alison Julieta Oliva Ramírez dejó desde muy pequeña su natal Escuintla para comenzar en la ciudad su idilio con el tenis, un deporte que la ha abierto muchas oportunidades para crecer como atleta juvenil y también como persona.
La jugadora de 16 años anhela dejar su huella en el tenis guatemalteco y con perseverancia y sacrificio se ha ganado un lugar entre las mejores exponentes de la categoría junior.
Motivada por su padre, Walter Oliva, exfutbolista y preparador físico, Alison desarrolló desde pequeña el gusto por los deportes y al mismo tiempo fue moldeando su carácter competitivo.
Alison, puesto 385 del ranquin ITF junior y ganadora de cuatro títulos J30 del circuito junior en 2025, atendió la entrevista con CDAG para hablar de cómo el tenis le cambió la vida, los obstáculos que ha tenido que sortear en su carrera y sobre sus expectativas.
Un año brillante
Alison no dudó en establecerse en la ciudad al ser reclutada por la Federación Nacional de Tenis, para emprender su trayectoria en el alto rendimiento: “sé que aquí tengo un futuro mejor y muchas metas por cumplir”, afirma.
En 2025 esas metas se empezaron a materializar con su gran ascenso en el ranquin junior de la ITF, tras la conquista de cuatro títulos J30 en Guatemala, El Salvador y Honduras.
“Fue un año muy importante, ya que siento que le dio un gran impulso a mi carrera”, admite la jugadora derecha.
Pero Alison también ve al frente, habla sobre sus próximos desafíos y objetivos: “Jugaré mi penúltimo año como Junior y quiero terminar dentro de las mejores 200 del mundo. Y el próximo año tratar de meterme entre las mejores 100, para buscar una beca en alguna Universidad en los Estados Unidos”, afirma.
Como seleccionada nacional, Alison dice que también aspira a ser parte de alguna delegación que compita en los eventos del ciclo olímpico.
Aprendizaje constante
A través del tenis, Alison admite que comenzó a mejorar sus hábitos de vida: “antes no tenía tan buenos hábitos y el tenis me dio disciplina y aprendí muchos valores”, recalca.
“Mi cuerpo también cambió, aunque ya tenía una buena base física gracias a los entrenos con mi papá”, añade.
Desde el comienzo Alison fue consciente de lo que implica dedicarse al deporte y así lo analiza: “entrenar alto rendimiento es todo un proceso, duro y difícil. En el que hay que respetar las reglas y apegarse al grupo”, expresa.
“Todos los esfuerzos que hice desde pequeña me han convertido en una buena jugadora, siendo constante a pesar de que los resultados no llegaran. Me considero una luchadora”, afirma.
Por otra parte, Alison confiesa su admiración por las jugadoras nacionales Andrea Weedon y Gabriela Rivera.
Y a nivel internacional se declara fan de la tenista bielorrusa, Aryna Sabalenka, número 1 del ranquin de la WTA: “Me encanta verla jugar, no me pierdo ningún partido. Me gusta su mentalidad fuerte y lo competitiva que es”, aseguró.
Preparación y rituales
Como parte de su base de entrenamientos, Alison cuenta que es fundamental acomodarse a las diferentes superficies de juego: “hay que estar preparado para jugar en cancha dura y de arcilla y hacemos pretemporadas fuertes. Además trabajamos coordinación, potencia para ser rápidos y resistentes”, explica.
Además, antes de afrontar un torneo dice que no puede faltar el calentamiento que hace con la guía de su padre e incluye ejercicios de relajación que le enseñó su psicóloga.
“Y en cada torneo al que voy llevo un rosario que me regaló mi mamá; que me da seguridad a la hora de verlo”, revela.
Un ejemplo de perseverancia
Alison vuelve su mirada hacia sus comienzos y relata: “Empecé a entrenar tenis a los seis años. Iba a la casa de una amiga y ella jugaba y me invitó. Los deportes se me daban y probé atletismo, fútbol, y básquetbol”.
Y se refiere a la decisión de dedicarse al tenis: “Yo quería seguir jugando fútbol pero mi papá no me dejó y me motivó a seguir en el tenis. Era muy competitiva y me gustaba ganar”, afirma.
Alison habla de lo que significó ser reclutada por la Federación: “Hace casi 5 años que vine a entrenar a la capital y siempre vi este lugar como un paraíso”, dice con emoción.
Finalmente, reconoce las dificultades que tuvo que sortear en esa etapa, pero al mismo tiempo su satisfacción de adaptarse: “La transición fue difícil, estar sola y no tener alguien de confianza a quien acudir. Pero aquí en la Federación todos me ayudaron, me sentí más cómoda y muchos entrenadores me arroparon”, aseguró.
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